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Reseña: Un método peligroso

Cine,Reseña 11/06/2013 por aa

Disculpas por el hiato prolongado – debido a motivos profesionales, básicamente, y a que estamos concentrados en lo que si fuera pedante (que lo soy, supongo) llamaría I+D. No he tenido muchas energías ni ideas para pasarme por aquí en una temporada, la verdad.

Así que, para variar, una reseña cinematográfica de una película que tal vez pueda tener cierto interés para los temas que trato en este blog: Un método peligroso, de David Cronenberg (basada en la obra de teatro de Christopher Hampton, el dramaturgo británico que, por ejemplo, adaptó Las amistades peligrosas al teatro y al cine). Tenía esta película en la recámara desde hacia tiempo: no porque me faltara tiempo para verla, sino porque temía mi reacción. Suelo tomarme las tergiversaciones del trabajo de Freud bastante mal, por decirlo de modo amable, y en general la representación del psicoanálisis en el cine se me suele indigestar (todavía recuerdo el cabreo que me cogí con Análisis final. Por favorrrrrrrr). Así que Un método peligroso fue una sorpresa en este sentido, porque, para mi asombro, está bastante bien, tanto en su reflejo de cuestiones históricas como en tanto película.

Un método peligroso narra la historia de la relación que se estableció entre Sigmund Freud, Carl Jung (entonces un psiquiatra interesado en el trabajo de Freud que trabajaba en el hospital Burghölzli en Zurich), y Sabina Spielrein, que empezó siendo paciente de Jung, pasó a ser su asistente y amante, y acabó convirtiéndose en médico y psicoanalista tras trabajar con ambos. Posiblemente lo más asombroso de la historia es que es una historia real: que una joven judía rusa ingresada en un manicomio por posible psicosis a principios del siglo XX, tras tener una atormentada relación con su respetable psiquiatra casado, pudiera llegar a convertirse en una profesional de la medicina que realizó importantes contribuciones al psicoanálisis es algo increíble desde cualquier punto de vista. Pero sucedió.

Empezaré por los defectos de la película, porque ya saben como soy:

  • Creo que realmente se perdió una oportunidad única cuando el inmenso Christoph Waltz renunció a interpretar el papel de Freud para hacer la cursilada de Agua para elefantes y le dieron el papel a Viggo Mortensen. Mortensen es un actor… limitado, digamos (véase Alatriste); además, se nota claramente, por el modo en que interpreta el papel, que siente antipatía personal por Freud. Aun así, el papel está lo bastante bien escrito como para que esto no importe mucho (y Mortensen no es capaz de hacerlo suyo). Pero dichosa Reese Witherspoon.
  • Aunque Michael Fessbender hace un trabajo fantástico (como siempre que le he visto actuar), creo que la película es demasiado amable y no refleja el grado en que Jung era, por decirlo mal y pronto, un mamonazo filonazi. Creo que hay un intento por contraponer el “cientificismo” de Freud a las tendencias supuestamente místicas de Jung, y eso, junto con la interpretación de Mortensen, tiende a esbozar a un Freud falto de imaginación y dogmático. Lo cual es una interpretación perfectamente aceptable, por supuesto, y Freud no era exactamente Míster Tolerancia (“la ciencia es intolerante”, decía). Pero me faltó ahondar un poco más en cómo las chorradas de Jung sobre el inconsciente colectivo (o más bien racial) entroncaban con las tendencias siniestras que ya estaban en plena efervescencia en Europa entonces.

En este sentido, es interesante cómo, pese a que no entra suficientemente en este punto, la película sí que menciona uno de los aspectos centrales del triángulo Spielrein-Freud-Jung: Spielrein y Freud eran judíos, Jung era gentil (y miembro de la alta burguesía protestante suiza). Freud, en un intento por que el psicoanálisis no quedara clasificado como una “ciencia judía” (prácticamente todos sus seguidores eran judíos) tuvo un periodo de intenso enamoramiento con Jung, al que veía como el “príncipe heredero” que llevaría el psicoanálisis a la respetabilidad del mundo cristiano. Freud, que irónicamente no era un psicólogo particularmente bueno (en el sentido vulgar de “saber cómo es la gente”) metió la pata hasta el fondo, y la cosa terminó como el rosario de la Aurora. Como por otra parte era de esperar.

(Hay un diálogo muy bueno – esta película se basa en los diálogos – en el que Freud le está comentando a Jung que el psicoanálisis resulta inaceptable para el establishment médico, entre otras cosas, porque él y sus colegas son judíos. Cuando Jung objeta que no entiende por qué eso habría de importar, Freud le responde secamente: “Ésa es una observación exquisitamente protestante”).

La cuestión racial – particularmente la oposición judío-ario – es importante porque para Jung (y la película lo muestra bastante bien) el componente sexual de las teorías de Freud era algo esencialmente de mal gusto, y se negaba a aceptar que fuera aplicable a todos los fenómenos mentales (y particularmente a los suyos. Lo cual, como muestra la película, no dejaba de ser irónico, dado que Jung era ostentosamente sexual en el sentido más literal del término). De hecho, su propia teoría – que los nazis recogieron gustosamente – era que el psicoanálisis tal como lo entendía Freud, con su énfasis en la sexualidad, era después de todo una ciencia judía, ya que la diferencia entre el “inconsciente colectivo judío” y el “inconsciente colectivo ario” estribaba, entre otras cosas, en que los judíos estarían obsesionados por el sexo y esas bajezas irracionales, lo cual iría asociado con lo “femenino”. Mientras que, por supuesto, a los arios les iría mucho más lo sublime, lo racional, y serían plenamente masculinos.

La película roza por encima el hecho de que la relación entre Jung y Spielrein se basó en una especie de fantasía wagneriana mutua por la que ellos reproducirían de algún modo el mito germánico de Sigfrido y Brunilda, y Spielrein pariría un hijo que sería el redentor ario o algo así. (Sí, esto está documentado). Pero sí que muestra el hecho de que para Jung Spielrein, en tanto judía  y en tanto mujer, representaba una sexualidad femenina desatada que se despliega básicamente a través del masoquismo. Y aquí creo que Cronenberg ha hecho un trabajo excelente, representando con gran inteligencia algo que muy fácilmente podría haberse abordado desde el sensacionalismo y el pseudoporno (sin dejar por ello de de resultar erótico).

¿Qué más? Vincent Cassel hace, como siempre, un papel estupendo como Otto Gross, el ex-psicoanalista renegado y desquiciado que desquició también a Jung (de nuevo, históricamente correcto). Los diálogos son, en la medida que puedo decir, históricamente precisos, y han sido escritos por alguien que claramente se ha molestado en leer a Freud, a Jung, y la historia del psicoanálisis. Y resulta que Keira Knightley, a quien nunca me había tomado muy en serio, es buena actriz después de todo. Así que, en conjunto y como dije, una sorpresa agradable.

Pero creo que lo que más me gustó es cómo, puramente a través de diálogos – la película es esencialmente una obra de teatro filmada en escenarios reales, y visualmente no es demasiado llamativa ni inventiva – el guionista y el director han conseguido entretejer toda una serie de temáticas y conceptos (la cuestión racial, el judaísmo, el sexo, la moralidad, la feminidad, el psicoanálisis, la ciencia, el misticismo, la llegada de la Primera Guerra Mundial y el nazismo todavía lejano pero que ya se empezaba a oler en el aire) de un modo que me parece sumamente elegante y satisfactorio. Un método peligroso no es una obra de arte: me parece que es demasiado “correcta” y demasiado poco creativa como para serlo. No corre ningún riesgo, y creo que ni el director ni el guionista ponen en juego nada personal, y se nota. Pero la película hace un buen trabajo a la hora de reflejar de modo bastante preciso una relación sorprendente que se desarrolló en un momento histórico y cultural asombroso y devastador. Y eso ya es mucho.

3 comentarios to “Reseña: Un método peligroso”

  1. Tiene gracia que hace muy pocos días saltando de tema en tema me encontrara con referencias a esta película. Pues para la lista de cosas por ver.

  2. Merece la pena. Y lo digo como alguien que se resistió como gato panza arriba a verla.

  3. No hay duda que Jung y Sabina Spielrein tenían una relación mutua de transferencia / contratransferencia erótica. Habiendo transcurrido tanto tiempo va a ser muy difícil, si no imposible, determinar en qué medida fue actuada en consecuencia. Pero, ¿es ésta la pregunta más importante de hacer? Este fue el comienzo del psicoanálisis, y sabemos que Breuer había dejado el campo debido a este problema. El hecho es que Sabina Spielrein fue ayudada por el tratamiento psicoanalítico de Jung y que Jung alentó sus aspiraciones, lo que demuestra su respeto por ella. El que ella llegara a ser médica, psiquiatra, y de los primeros miembros del grupo psicoanalítico de Freud en Viena, demuestra con certeza que la influencia de Jung no fue desacertada. La película también destaca el papel (de Sabina) en la ampliación de la teoría freudiana de la libido. Su influencia en la teoría freudiana de la pulsión de muerte está documentada apenas en una nota de pie de página, en la obra de Freud Más allá del principio del placer.

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