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Mujeres-niña

Cultura,Discurso,Estética,Semiótica,Sociedad 20/03/2012 por aa

Mis disculpas por la tardanza en actualizar en blog, pero la vida real (específicamente, la profesional) está interesante, así que no he tenido mucho tiempo. Todavía debo un post pedante sobre los motivos por los que considero que lo textual no es sustituible por lo visual, pero la verdad es que hoy estaba de humor para algo un poco más ligerito. O ligerito según se mire, porque es un tema que – como suele ser una constante por aquí – me irrita. Me refiero a la infantilización de las mujeres.

Full disclosure: fui compañera de una de las diseñadoras de las que voy a hablar en el colegio privado al que asistí desde los 3 hasta los 14 años. Pero más allá de las anécdotas personales, creo que el trasfondo de la clase media-alta nutrida por el “pelotazo” de los años 80 y 90, con sus lagunas éticas, estéticas, y de educación y cultura, resulta bastante significativo para hablar de esta tendencia.

Ya he hablado antes de este tema en referencia a la violencia de género, pero hoy quisiera hacerlo sobre algo aparentemente más trivial, a saber, la estética. El tema me llama la atención, entre otras cosas, porque vivo en una zona de Madrid con una reputación “cool” y “bohemia” (lo cual quiere decir que los fines de semana no duermo hasta las cuatro de la mañana). Y por estas calles noto que prolifera un tipo de tienda muy específico: ropa de mujer, realizada de modo “artesano” y “creativo”, de precios no particularmente baratos, y que se caracteriza sobre todo por lo que me parece un acusado aniñamiento. Y se trata de ropa dirigida al segmento de mujeres de edad 25-40 y clase media-alta, particularmente de las profesiones “liberales-creativas”: i.e. publicidad, marketing, moda, periodismo. (Nada Importa da una caracterización bastante buena del segment0).

Ejemplos:

Lo que me resulta más perturbador es que este estilo infantilizante ni siquiera es un estilo tipo Lolita: ser una lolita supone una sexualización de la infancia y adolescencia, y unas de las características de este estilo es su absoluta falta de elementos sexuales y sensuales. Es un estilo repelehombres por excelencia.

Y tengo la sensación de que ésta es una tendencia muy en alza actualmente: por mucho que se critica la objetificación de la mujer en la publicidad, por ejemplo, lo cierto es que, por lo menos en España, los elementos digamos eróticos son algo que brilla bastante por su ausencia en el discurso de la cultura general. Por el contrario, al menos entre la clase media profesional, la imagen dominante de la mujer es el de una mujer que no necesita a los hombres y cuya estética no tiene nada que ver con resultarles atractiva – el paradigma por excelencia siendo, por supuesto, la dichosa Carrie Bradshaw de Sexo en Nueva York.

Pero ésta no es una muestra de feminismo tipo el feminismo separatista radical de los años 70 que produjo el famoso lema “Una mujer necesita a un hombre como un pez necesita una bicicleta”. No se trata de destacar la autosuficiencia económica y profesional de las mujeres a través de la estética. El modelo no es la sargento Ripley, sino Amélie, el avatar más reciente de la mujer-niña original, Audrey Hepburn. Es decir, la diferenciación se busca a través de un intento por ser original a través del retorno a una supuesta inocencia infantil y a la monería terminal.

Creo que esta tendencia se enmarca dentro del contexto más general del retorno a una vida “más simple”, “más tradicional”, “más ecológica”, “más natural”, que en último término me parece que se alinea con el ecologismo decrecionista y el anticapitalismo, entre otras cosas (pero eso sí, a través de productos que no son precisamente asequibles para todos los públicos). Otra derivación de esta tendencia es el auge de las labores tradicionales del hogar, tanto en pequeños negocios extremadamente trendy como incluso a través de espacios televisivos. Todo ello, nótese, dirigido a mujeres.

Imagino que resulta obvio que esta tendencia me resulta desasosegante. ¿Por qué? Porque creo que tiene unas implicaciones bastante preocupantes sobre las capacidades y el “espacio propio” de las mujeres: la infantilización asexuada; la diferenciación completamente inefectiva con respecto a los hombres (a través de meras “cucadas”, no en cuanto a poder o dinero); el retorno a la vida sencilla del hogar y las labores domésticas (creo que resulta significativo el énfasis que se está poniendo en el discurso social general – pero sobre todo entre mujeres – sobre abandonar el trabajo para dedicarse exclusivamente a cuidar de los niños como una opción profesional válida).

Y además, pero no menos importante, ES UNA CURSILADA.

Un comentario to “Mujeres-niña”

  1. [...] ésta por mamá, venga, que ya casi se ve el dibujo al fondo del plato. Me hizo pensar también en ciertas tendencias de moda basadas en la infantilización [...]

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